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ALEJANDRO LÓPEZ

Ciencia

AGUJERO NEGRO

Agujero negro, hipotético cuerpo celeste con un campo gravitatorio tan fuerte que ni siquiera la radiación electromagnética puede escapar de su proximidad. El cuerpo está rodeado por una frontera esférica, llamada horizonte de sucesos, a través de la cual la luz puede entrar, pero no puede salir, por lo que parece ser completamente negro. Un campo de estas características puede corresponder a un cuerpo de alta densidad con una masa relativamente pequeña, como la del Sol o inferior, que está condensada en un volumen mucho menor, o a un cuerpo de baja densidad con una masa muy grande, como una colección de millones de estrellas en el centro de una galaxia
PROPIEDADES
El concepto de agujero negro lo desarrolló el astrónomo alemán Karl Schwarzschild en 1916 sobre la base de la teoría de la relatividad de Albert Einstein. El radio del horizonte de sucesos de un agujero negro de Schwarzschild solamente depende de la masa del cuerpo: en kilómetros es 2,95 veces la masa del cuerpo en masas solares, es decir, la masa del cuerpo dividida por la masa del Sol. Si un cuerpo está eléctricamente cargado o está girando, los resultados de Schwarzschild se modifican. En la parte exterior del horizonte se forma una “ergosfera”, dentro de la cual la materia se ve obligada a girar con el agujero negro. En principio, la energía sólo puede ser emitida por la ergosfera.
Según la relatividad general, la gravitación modifica intensamente el espacio y el tiempo en las proximidades de un agujero negro. Cuando un observador se acerca al horizonte de sucesos desde el exterior, el tiempo se retrasa con relación al de observadores a distancia, deteniéndose completamente en el horizonte.
FORMACIÓN
Los agujeros negros pueden formarse durante el transcurso de la evolución estelar. Cuando el combustible nuclear se agota en el núcleo de una estrella, la presión asociada con el calor que produce ya no es suficiente para impedir la contracción del núcleo debida a su propia gravedad. En esta fase de contracción adquieren importancia dos nuevos tipos de presión. A densidades mayores de un millón de veces la del agua, aparece una presión debida a la alta densidad de electrones, que detiene la contracción en una enana blanca. Esto sucede para núcleos con masa inferior a 1,4 masas solares. Si la masa del núcleo es mayor que esta cantidad, esa presión es incapaz de detener la contracción, que continúa hasta alcanzar una densidad de mil billones (1015) de veces la del agua.
Entonces, otro nuevo tipo de presión debida a la alta densidad de neutrones detendría la contracción en una estrella de neutrones. Sin embargo, si la masa del núcleo sobrepasa las 1,7 masas solares, ninguno de estos dos tipos de presión es suficiente para evitar que se hunda hacia un agujero negro. Una vez que un cuerpo se ha contraído dentro de su radio de Schwartschild, teóricamente se hundirá o colapsará en una singularidad, esto es, en un objeto sin dimensiones, de densidad infinita.
En 1994, el telescopio espacial Hubble proporcionó sólidas pruebas de que existe un agujero negro en el centro de la galaxia M87. La alta aceleración de gases en esta región indica que debe haber un objeto o un grupo de objetos de 2,5 a 3.500 millones de masas solares.
El físico inglés Stephen Hawking ha sugerido que muchos agujeros negros pueden haberse formado al comienzo del Universo. Si esto es así, muchos de estos agujeros negros podrían estar demasiado lejos de otra materia para formar discos de acreción detectables, e incluso podrían componer una fracción significativa de la masa total del Universo. En reacción al concepto de singularidad, Hawking ha sugerido que los agujeros negros no se colapsan de esa forma, sino que forman “agujeros de gusano” que comunican con otros universos diferentes al nuestro.
Un agujero negro de masa suficientemente pequeña puede capturar un miembro de un par electrón-positrón cerca del horizonte de sucesos, dejando escapar al otro (ver Rayos X: Producción de pares). Esta partícula sustrae energía del agujero negro, provocando la evaporación de éste. Cualquier agujero negro formado en los comienzos del Universo, con una masa menor de unos pocos miles de millones de toneladas ya se habría evaporado, pero los de mayor masa pueden permanecer.
En enero de 1997, un equipo de astrofísicos estadounidenses presentó nuevos datos sobre los agujeros negros. Sus investigaciones se extendieron a nueve sistemas binarios de estrellas, emisores de rayos X (binarias de rayos X). En cinco de los nueve casos, cuando el material de la estrella de menor masa golpea la superficie del otro objeto, éste emite una radiación brillante en su superficie; se trata de una estrella de neutrones. En las otras cuatro binarias, de las que se creía que contenían agujeros negros, la radiación emitida por el segundo objeto es mínima: la energía desaparecería a través del horizonte de sucesos. Estos datos constituyen el conjunto de pruebas más directo (aunque no definitivo) de la existencia de agujeros negros. El mismo equipo de investigadores informó también del descubrimiento de tres nuevos candidatos a agujeros negros localizados en los centros de las galaxias NGC 3379 (también conocida como M105), NGC 3377 y NGC 4486B.

Formación de un agujero negro Cuando el gas y el polvo interestelares de una nebulosa se condensan (1), se forma una protoestrella que emite chorros de materia. Ésta continúa condensándose por gravitación al tiempo que se calienta. Cuando la temperatura del núcleo de la protoestrella llega a 10 millones de grados, se inician una serie de reacciones nucleares (2) y nace así una estrella nueva. Más adelante, la corteza del astro sufre una expansión acompañada de calentamiento (3), lo que da lugar a la formación de una gigante roja, de diámetro entre 10 y 100 veces el del Sol. La evolución de la gigante roja depende de su masa. Si es inferior a 1,4 veces la del Sol, el astro es inestable, lanza las capas externas al espacio (5) y crea una nebulosa planetaria. A continuación, la estrella se contrae de nuevo (6) y se transforma en enana blanca, un astro del tamaño de la Tierra. Esta pequeña estrella se enfría y da lugar a una enana negra, que por su baja temperatura no brilla. Si la gigante roja es muy grande, produce hierro y otros elementos pesados, aumenta de tamaño (4) y se transforma en supergigante. Después estalla y libera la materia en el espacio. Si estalla el astro completo (8), evoluciona hacia una supernova; si sólo estalla la parte externa (7), se forma una nova. Según su masa, la supernova engendra una estrella de neutrones (9), o un agujero negro (10) si el núcleo del astro desintegrado tiene una masa suficientemente elevada.

A LA CAZA DEL NEUTRINO

A LA CAZA DEL NEUTRINO Sin carga, sin apenas masa, capaz de atravesar la Tierra entera sin chocar contra nada, el neutrino sigue trayendo de cabeza a los físicos...

Fue uno de los primeros inventos de la nueva física que nacía en los años 20:Pauli lo creó para resolver un problema que se daba en las ecuaciones que describían la desintegración radiactiva.
La historia, o el misterio, había nacido unos años antes, en 1896, cuando Henri Becquerel primero y luego Pierre y Marie Curie descubrieron que algunas sales de uranio eran capaces de emitir una radiación extraña, energética, capaz de impresionar placas fotográficas aunque no era luz.

El descubrimiento de la radiactividad y su experimentación en laboratorio fue mostrando que no había teoría posible, en el marco de la física clásica, que pudiera dar cuenta de lo que estaba pasando.

En 1914 se comprueba que los electrones de la radiación Beta salen en un rango continuo de energías. Se producen en una extraña reacción que convierte a un neutrón en un protón. Según las leyes de conservación de la física, deberían tener una energía determinada. Pero no era así. Se estaba escapando algo más que un electrón...

La historia es más compleja, porque no se había descubierto la existencia del neutrón siquiera.
Pauli manda una carta a varios físicos en la que explica que, desesperado por no encontrar otra solución al misterio de esa radiación, sugiere "la posibilidad de que pudieran existir en el núcleo partículas eléctricamente neutras" que se emitirían a la vez que el electrón. Con ello se aseguraría la conservación de la energía y el momento.

El problema, claro, era que dichas partículas no existían. ¿Jugaba la física entonces a crear seres inexistentes?
Fermi, las denominó "neutrinos", porque tenían que ser menos pesadas que los neutrones, pero igualmente sin carga eléctrica.

La materia, que se había hecho discontinua en el XIX con la teoría atómica, se fragmentaba aún más. Incluso el núcleo era sede de procesos en los que fuerzas antes desconocidas creaban y destruían partículas. La pregunta empezaba a ser acuciante: ¿se podrían llegar a observar esas nuevas partículas?

No fue hasta 1956, cuando se ENCONTRARON los neutrinos. Usando la radiación que escapa de un reactor nuclear experimental, se consigue detectar al evasivo neutrino.

Los más abundantes vienen desde el núcleo del Sol, el más gigantesco reactor termonuclear de fusión que tenemos cerca de nosotros. Para observar los neutrinos se están empleando telescopios que usan tanques de líquidos densos protegidos por kilómetros de roca en el interior de las montañas...
Y hay uno muy cerca de nosotros... en el laboratorio que tiene la Universidad de Zaragoza en el Túnel del Somport en Canfranc (Huesca)...